CARRERA DEL RIO MARTIN. ALCAINE

A buen seguro, a todos algún amigo nos ha comentado las bondades de alguna prueba deportiva y al apuntarnos y realizarla, hemos pensado “que nivel tan bajo tiene fulano sobre la organización de una prueba”

Con el escepticismo típico de llevar varias desilusiones sobre este tipo de carreras que tanto gustan a la gente, decido apuntarme a la Carrera de Montaña del río Martín, en Alcaine, influenciado por los buenos comentarios que de esta prueba me hacen Dani Tello y Javi Galindo.

Cuando uno llega al pueblo, a los alrededores del pueblo, le reciben voluntarios que te indican donde aparcar. Tras caminar unos 600 metros hasta el núcleo urbano, empiezas a darte cuenta de que es una carrera diferente, se nota en los corredores con los que te cruzas y en las caras de los muchos voluntarios que hay.

En el pueblo se nota que todo es amabilidad, disposición máxima de los vecinos a la retirada del dorsal o el servicio de guardarropa. Incluso en el único local para tomar un café, las camareras sonríen de manera permanente, aún con el agobio de recibir a más de 200 corredores de los que muchos a la vez les pedimos el café.

En los momentos previos a la salida, casi todos los vecinos salen a animarnos, siendo el inicio de la prueba un disparo de cohete, al más puro estilo de San Fermín.

La carrera propiamente dicha comienza en subida no muy fuerte de casi un kilómetro, a la que le sigue una larguísima cuesta abajo que finaliza en las piscinas, en las que los más valientes me sacaron casi 100 metros. (No me van nada las cuestas a bajos tan pronunciadas). A partir de aquí el trazado va por una pista en buen estado en las que tras un par de kilómetros llanos comienzan los toboganes y la primera cuesta “durilla”. Aquí le pregunto a un atleta de la localidad y me dice que esto no es nada, que quedan dos cuestas de las de verdad, de las de subir andando. Seguimos por el circuito que está perfectamente marcado con voluntarios en todos los cruces, hasta que tras pasar por el kilómetro cinco, primer avituallamiento, y comienzo de la primera cuesta dura, la cuesta medieval de San Ramón, donde nos espera la gente a los dos lados de la subida, (como dicen Galindo y Emilio, al más puro estilo puerto de Tour) por la que llegamos al núcleo urbano.

A la salida del pueblo, tras recorrer algo más de un kilómetro de carretera nos desviamos por un camino de tierra hasta un punto en el que tras dar un giro de 180º, regresamos por el mismo camino hacia el asfalto. Esta cuesta es de las que me gustan, ligera pendiente con diferentes desniveles, en los que se puede llevar un buen ritmo de subida y de bajada. Aquí disfruté como un enano. Además nos cruzamos con los primeros y disfrutamos al ver a Javi Ferrero cerrando el Top Ten.

De regreso al pueblo por el asfalto, pasamos de nuevo por la cuesta abajo que nos lleva a las piscinas, donde nos dan el segundo avituallamiento líquido (kilómetro 10) y me vuelven a sacar los casi 100 metros cuesta abajo. Ya sólo quedan dos kilómetros y una cuesta de las duras que no consigo ver. Tras un giro de 180º en el cementerio, nos dirigimos hacia la cuesta en la que nuevamente subimos un tramo andando y en la que en la parte final vuelve a estar llena de gente animando. De aquí a meta, sólo cien metros. Cien metros para la gloria.

La gente del pueblo, los familiares de los atletas, los voluntarios de 11.

Nos cruzábamos con gente que ya nos conocen y saben que el OCTAVUS es de Utebo y nos animaban de manera especial. El efecto Octavus va sembrando seguidores poco a poco.

He de reconocer que tanto Javi Galindo como Dani Tello no me engañaron. La carrera me ha gustado mucho. El circuito, la disposición del pueblo, los voluntarios….. Una carrera para volver.

También quiero resaltar el espectacular espíritu de equipo del club. El primero en llegar, Javi Ferrero, esperando al resto de compañeros. A medida que los demás íbamos llegando hacíamos lo mismo, esperar a los que faltaban y recibirlos con aplausos y abrazos.

Este equipo mola. Mola mucho.

FUERZA OCTAVUS